Mundial total sólo en el Distrito Federal
25 noviembre 2009 12:43 PM 12
Redacción Ve Futbol
El Universal
Ciudad de México
Miércoles 25 de noviembre de 2009 | 11:13
El Mundial de Sudáfrica 2010 se verá completamente gratis en la ciudad de México. La FIFA y el Gobierno del Distrito Federal (GDF) llegaron a un acuerdo para que los cotejos mundialistas puedan ser vistos en el parque ‘Fan Fest', fiesta del aficionado, que se abrirá en la capital mexicana.
El acuerdo final entre el organismo rector del futbol mundial y el GDF fue que se transmitirán los 64 partidos de la Copa Mundial, todo este paquete fue otorgada a la Secretaría de Turismo del DF, quien se encargará de la organización de este evento.
Las transmisiones de la administración capitalina superarán a los 32 encuentros del paquete firmado por Televisa y TV Azteca.
"La intervención de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) fue determinante para este logro y ofrecer a todos los capitalinos el Campeonato Mundial de la FIFA", manifestó la sala de comunicación social del Gobierno del Distrito Federal.
El Zócalo de la Ciudad de México es el punto original en donde se concentrará el ‘Fan Fest', aunque también se considera a la Alameda Central y Chapultepec como otras posibilidades.
También se han manejado versiones de que el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, asista al sorteo de grupos del Mundial de Sudáfrica 2010. Aunque no se ha concretado nada hasta el momento.
El Distrito Federal se unirá a lugares internacionales como los Jardines del Trocadero en París, el Tower Bridge en Londres, la playa de Copacabana en Río de Janeiro, el Circus Maximum de Roma, Darling Harbour en Sydney y la Puerta de Brandenburgo en Berlín para la realización de las Fan Fest fuera de Sudáfrica, país que tendrá sus propias fiestas del aficionado en las ciudades sedes de los juegos.
El pasado lunes se confirmó que el ‘Fan Fest' llegaría a México tras el aval de FIFA.
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miércoles, 25 de noviembre de 2009
viernes, 20 de noviembre de 2009
Corrupción, un asunto cultural
Juegos de Poder/Leo Zuckermann
Esta semana nos enteramos de una pésima noticia. De acuerdo a Transparencia Internacional, el Índice de Percepción de la Corrupción empeoró en México el último año. En 2008, el país se había ubicado en el lugar 72 de 180 naciones donde se realiza anualmente el estudio. En 2009 cayó al sitio 89 con una calificación de 3.3 en una escala de cero a diez (las puntuaciones menores denotan mayor corrupción y viceversa). En este tema, México está reprobado con una calificación peor que Brasil, Colombia, El Salvador y Guatemala.
¿Por qué persiste la corrupción en México a pesar de la transición a la democracia en su régimen político? La clave, me parece, tiene que ver con un asunto de valores.
Raymond Fishman y Edward Miguel, de las universidades de Columbia y California, realizaron una investigación para entender por qué una población representativa del mundo es corrupta o no. Nueva York es la sede de las Naciones Unidas. En esta ciudad viven cientos de diplomáticos de todo el mundo. La policía neoyorquina tiene la obligación de multar a los automóviles diplomáticos que están estacionados en lugares prohibidos. Pero las misiones diplomáticas no están obligadas a pagar dichas multas por la inmunidad que tienen. Pueden, a su antojo, respetar o no las reglas de estacionamiento de la ciudad.
Los académicos analizaron las infracciones por estacionarse en lugares prohibidos de los diplomáticos. Se trataba de una magnífica base de datos para estudiar un ambiente donde las violaciones a la ley, por definición, no se castigan. Observaron quiénes sí y quiénes no respetan las reglas a pesar de que no hay castigo. Fishman y Miguel encontraron que los diplomáticos de países con gran corrupción (basada en índices como el reportado esta semana por Transparencia Internacional) tienden a violar más las reglas de aparcamiento.
Se trata, al parecer, de un asunto cultural. Hay diplomáticos que sí respetan la ley sólo porque piensan que es lo correcto, y otros que no la respetan porque saben que no recibirán un castigo. Los diplomáticos que más violaron el reglamento fueron los de Kuwait (con un promedio de 246 infracciones por diplomático), Egipto (140), Chad (124) y Sudán (119). Un total de 22 países no presentaron infracción alguna, entre los que se cuentan el Reino Unido, Holanda, los Emiratos Unidos, Australia, Canadá, Colombia, Dinamarca, Ecuador, Grecia, Israel, Japón, Noruega, Suiza y Turquía. México quedó en el lugar 56 de 146 con un promedio de cuatro infracciones por diplomático.
Este trabajo comprueba la importancia de las normas culturales en el respeto a la ley y la existencia de la corrupción. Uno pensaría que, sin castigo, los diplomáticos aparcarían su automóvil donde se les pegue la gana sobre todo en una ciudad donde aparcar es un dolor de cabeza como en Nueva York. Pero no es así. Hay quienes sí respetan la ley sólo porque piensan que es lo correcto.
Se trata de un valor de la democracia: el del respeto a la ley. Estos años en que hemos vivido en un régimen democrático, los mexicanos no hemos podido establecer este valor. Por desgracia, en el país prevalece la vieja cultura autoritaria de que "el que no transa no avanza". Cotidianamente escuchamos casos de impunidad de aquellos que violan la ley, sobre todo los poderosos. No sorprenden, entonces, los niveles de corrupción.
La corrupción comenzará a menguar en México el día que los mexicanos, comenzando por los gobernantes, respeten la ley por una cuestión de convicción. De valores. La democracia tiene ese pendiente.
Esta semana nos enteramos de una pésima noticia. De acuerdo a Transparencia Internacional, el Índice de Percepción de la Corrupción empeoró en México el último año. En 2008, el país se había ubicado en el lugar 72 de 180 naciones donde se realiza anualmente el estudio. En 2009 cayó al sitio 89 con una calificación de 3.3 en una escala de cero a diez (las puntuaciones menores denotan mayor corrupción y viceversa). En este tema, México está reprobado con una calificación peor que Brasil, Colombia, El Salvador y Guatemala.
¿Por qué persiste la corrupción en México a pesar de la transición a la democracia en su régimen político? La clave, me parece, tiene que ver con un asunto de valores.
Raymond Fishman y Edward Miguel, de las universidades de Columbia y California, realizaron una investigación para entender por qué una población representativa del mundo es corrupta o no. Nueva York es la sede de las Naciones Unidas. En esta ciudad viven cientos de diplomáticos de todo el mundo. La policía neoyorquina tiene la obligación de multar a los automóviles diplomáticos que están estacionados en lugares prohibidos. Pero las misiones diplomáticas no están obligadas a pagar dichas multas por la inmunidad que tienen. Pueden, a su antojo, respetar o no las reglas de estacionamiento de la ciudad.
Los académicos analizaron las infracciones por estacionarse en lugares prohibidos de los diplomáticos. Se trataba de una magnífica base de datos para estudiar un ambiente donde las violaciones a la ley, por definición, no se castigan. Observaron quiénes sí y quiénes no respetan las reglas a pesar de que no hay castigo. Fishman y Miguel encontraron que los diplomáticos de países con gran corrupción (basada en índices como el reportado esta semana por Transparencia Internacional) tienden a violar más las reglas de aparcamiento.
Se trata, al parecer, de un asunto cultural. Hay diplomáticos que sí respetan la ley sólo porque piensan que es lo correcto, y otros que no la respetan porque saben que no recibirán un castigo. Los diplomáticos que más violaron el reglamento fueron los de Kuwait (con un promedio de 246 infracciones por diplomático), Egipto (140), Chad (124) y Sudán (119). Un total de 22 países no presentaron infracción alguna, entre los que se cuentan el Reino Unido, Holanda, los Emiratos Unidos, Australia, Canadá, Colombia, Dinamarca, Ecuador, Grecia, Israel, Japón, Noruega, Suiza y Turquía. México quedó en el lugar 56 de 146 con un promedio de cuatro infracciones por diplomático.
Este trabajo comprueba la importancia de las normas culturales en el respeto a la ley y la existencia de la corrupción. Uno pensaría que, sin castigo, los diplomáticos aparcarían su automóvil donde se les pegue la gana sobre todo en una ciudad donde aparcar es un dolor de cabeza como en Nueva York. Pero no es así. Hay quienes sí respetan la ley sólo porque piensan que es lo correcto.
Se trata de un valor de la democracia: el del respeto a la ley. Estos años en que hemos vivido en un régimen democrático, los mexicanos no hemos podido establecer este valor. Por desgracia, en el país prevalece la vieja cultura autoritaria de que "el que no transa no avanza". Cotidianamente escuchamos casos de impunidad de aquellos que violan la ley, sobre todo los poderosos. No sorprenden, entonces, los niveles de corrupción.
La corrupción comenzará a menguar en México el día que los mexicanos, comenzando por los gobernantes, respeten la ley por una cuestión de convicción. De valores. La democracia tiene ese pendiente.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Celulares para todos los NSE D/E.

El Gobierno de Brasil se está planteando regalar teléfonos móviles a los pobres, afirmó el ministro de Comunicaciones, Hélio Costa, en la capital del país, Brasilia. El plan costaría unos 2.000 millones de reales (780 millones de euros) y está dirigido a 11 millones de potenciales clientes. Sería sufragado por las operadoras, entre ellas Vivo, participada por Telefónica. Las compañías se verían compensadas, al menos parcialmente, con créditos fiscales.
Cuando falta menos de un año para las elecciones presidenciales, el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva baraja lanzar el programa Bolsa Celular. La idea consiste en que los 11 millones de beneficiarios del programa Bolsa Familia puedan acceder a un móvil sin pagar nada, según informa el periódico O Globo. Cada familia recibiría un terminal y un saldo de siete reales al mes (2,7 euros). El Gobierno asegura que, con este plan, las operadoras lograrían expandir el sistema de telefonía móvil, que ya ha llegado cerca del límite.
Las empresas basan sus expectativas de beneficio en que las familias acabarán superando el consumo de siete reales al mes, pudiendo llegar hasta los 12 (casi cinco euros), según O Globo. El Gobierno pretende echar mano del Fondo de Fiscalización de Telecomunicaciones, que sufragan las operadoras. Calcula que costará 780 millones de euros en los dos próximos años.
Helio Costa asegura que el presidente ha dado su beneplácito a la idea. El ministro entregará esta semana a Lula da Silva el proyecto por escrito.
Se vende espectómetro "barato"

Uno pensaría que estas historias sólo pasan en países del continente Americano, salvo los ubicados geográficamente arriba de nosotros, claro. La historia ilustra que el ser humano no pierde su vocación errare.
Opinión.
La Universidad de A Coruña tuvo un día una idea genial y ahora tiene un problema. Gracias a los fondos europeos y el empuje de un investigador se hizo con un espectrómetro de masas, un magnífico aparato que ha costado un millón de euros y que sólo esta Universidad posee en España. Sólo hay ocho aparatos similares en el mundo, según se ufana el mismo vicerrector.
Dicen los que saben que esta máquina sirve para medir la edad del terreno que pisamos, que es capaz de reconstruir los procesos geológicos ocurridos a lo largo de la historia y hasta aportar información fidedigna de la estabilidad del suelo. Tal como están las cosas, poco importa entender sus cualidades. Porque la máquina, una vez logrado el empeño de conseguirla, no tiene quien la sepa utilizar.
Al investigador que la consiguió y la conoce, Daniel Fernández Mosquera, se le acabó el contrato y nadie tiene los conocimientos necesarios como para sustituirle.
El caso es digno de ocupar un lugar destacado en nuestra maltrecha política científica. A la escasez de líneas financieras se une, como se puede comprobar, el estrambote. Porque este caso no es tan extraordinario como debiera. Las genialidades se imponen a las estrategias a largo plazo. Las comunidades autónomas, el Gobierno central y las universidades no compiten por la excelencia, sino por colocarse la medalla. Menos mal que en el caso de A Coruña ya se está buscando una solución. Así lo ha anunciado el vicerrector. Se baraja la posibilidad de contratar de nuevo a Fernández Mosquera por tres años más, aunque lo ideal sería ficharle como profesor permanente. Lástima que se tropiece con un escollo añadido: en este campus no se imparte asignatura de Geología. ¿Entonces, por qué se compró esta máquina que haría las delicias de tanto geólogo sin medios?
Así las cosas, la única solución viable sería acudir a los anuncios por palabras a ver si se logra vender la máquina a buen precio. Otra solución sería buscar la cooperación y coordinación con otros estamentos científicos nacionales o internacionales. ¿Era tan difícil hacerlo bien desde el principio?
martes, 10 de noviembre de 2009
Tendencias Mediaticas en America Latina

TENDENCIAS MEDIATICAS EN LATINOAMERICA
Raúl Trejo Delarbre
Publicado en la Revista Zócalo
Los medios de comunicación han sido el motor cultural y social de la globalización contemporánea. Más que la apertura de mercados y la trasnacionalización de capitales, pero junto con ellos, la propagación de mensajes más allá de cualquier frontera geográfica o política y la homogeneidad de muchos de esos contenidos han significado un cambio drástico en la apreciación que la gente tiene acerca de sí misma y del mundo en el que vive. Ese nuevo entorno implica transformaciones en muchas direcciones. La apreciación catastrofista, que le asigna a la globalización un carácter esencialmente perverso, sirve de poco para entender esos cambios pero, además, conduce a una parálisis analítica y política porque al subrayar solamente sus consecuencias indeseables llega a magnificar e incluso a mitificar los efectos de la internacionalización económica y cultural. La apreciación complaciente, que busca solamente los rasgos virtuosos de un proceso que encierra profundas desigualdades sociales e incluso las acrecienta, tampoco es el enfoque más adecuado en el plano del análisis intelectual ni en el terreno de la elaboración de políticas.
Híbrido espacio cultural
La globalización cultural es un proceso. No surge de manera súbita. Tampoco conduce a la suplantación drástica de las culturas nacionales y locales. Se trata, más bien, de una sucesión de inter-influencias mutuas, de una serie de hibridaciones como ha sugerido, entre otros, Néstor García Canclini. En ese proceso las culturas nacionales y locales ceden algo de espacio a los contenidos de carácter global –que son fundamentalmente, aunque no de manera exclusiva, de índole estadounidense–. Pero al mismo tiempo un segmento de los valores, rasgos y tradiciones de las culturas locales y nacionales comienza a formar parte de la que, en aras de la descripción breve, podemos denominar como cultura global.
En el espacio cultural iberoamericano concurren, así, contenidos de toda índole. Allí hay sitio para las culturas locales al mismo tiempo que para expresiones de la cultura trasnacional que irradian los medios de comunicación. En todos nuestros países, así como en otras regiones del mundo, la gente se entretiene mirando series estadounidenses como Lost, 24 y Sex and the city pero también aplaude la música y la figura de Shakira, las composiciones de Chico Buarque, las caracterizaciones de Penélope Cruz y Antonio Banderas, las canciones de Luis Miguel o las jugadas del Barsa y el Real Madrid. Los contenidos hispanoamericanos forman parte del caudal que circula en los medios de comunicación de dimensiones globales. Eso no significa que toda nuestra idiosincrasia ni todas nuestras costumbres estén siendo determinantes en esa cultura global. En esa avalancha de contenidos se amalgaman expresiones, características y tradiciones de numerosas culturas regionales y nacionales. Al mismo tiempo, por lo menos hasta ahora, las culturas locales y regionales se mantienen gracias a que forman parte de la gente que las nutre y reproduce.
Las nuevas tecnologías facilitan e intensifican esos procesos de amalgama cultural pero, además, comienzan a crear nuevas formas de consumo, generación y apropiación de contenidos. Por una parte, llevan hasta las audiencias más diversas los contenidos de la heterogénea pero omnipresente cultura global. En segundo término permiten algunas formas de intercambio e interactividad que la gente aprovecha para ampliar sus redes de relaciones personales y, en ocasiones, para propagar sus propias creaciones culturales. En tercer lugar, esas nuevas tecnologías hacen posible la reproducción de muchos de esos contenidos por mecanismos de apropiación y circuitos de distribución paralelos y en ocasiones contradictorios con el mercado institucional –la reproducción y distribución de archivos de vídeo y música más allá del copyright tiene delicadas implicaciones legales pero, al mismo tiempo, se ha convertido en una peculiar pero efectiva forma de democratización del consumo cultural.
El idioma y la Red
Influido y constantemente modificado por la cultura global, el espacio hispanoamericano tiene rasgos que lo singularizan. El primero de ellos es, desde luego, el idioma. El sustrato común que significa el español permite que se mantengan constantes flujos de bienes culturales, mantiene un contexto compartido y, sobre todo, les da a nuestros países una identidad común.
Sin embargo ese sustrato que significa la lengua no es apuntalado con el interés y los recursos que harían falta para sustentar ese asidero de nuestra identidad compartida. Los proyectos bibliográficos, comunicacionales, periodísticos, artísticos y/o cinematográficos que podrían desarrollarse para promover contenidos y la lengua común en estaos países, siguen resultando escasos.
Ante la insuficiencia de políticas nacionales y regionales de suficiente calado, la identidad común en nuestras naciones es promovida fundamentalmente por los grandes medios de comunicación de masas. En la mayoría de ellos, como es de suponerse, la producción de contenidos no suele estar orientada por la calidad sino por la búsqueda de rendimientos financieros.
En nuestros países la mayor parte de la sociedad depende, para su consumo mediático, de los canales de televisión abierta; el acceso a plataformas de televisión satelital, o por cable, sigue siendo un privilegio al que tienen acceso segmentos aun minoritarios de la población o, en otros casos, solamente los habitantes de las grandes zonas urbanas.
Internet no ha llegado a ser un auténtico contrapeso a la hegemonía comunicacional de los medios tradicionales. En la mayor parte de América Latina las tasas de acceso a la Red todavía son inferiores al 20% de la población. Los contenidos en español se han incrementado pero no tanto como los que se propagan en otras lenguas en la Red de redes. La creación de tales contenidos para Internet ha quedado fundamentalmente supeditada al interés mercantil o al afán comunicativo de pequeños y a veces aislados grupos de usuarios. En pocos países latinoamericanos (Brasil y Chile, destacadamente) ha existido una política estatal para impulsar el desarrollo tanto de la cobertura como de contenidos nacionales en Internet. Y si las políticas nacionales en ese terreno han escaseado, mucho mayor es la ausencia de políticas regionales para Internet.
Fuerza de los medios
En ausencia de contrapesos y junto con el declive en la presencia social de otros actores públicos (como las instituciones del Estado, o los partidos políticos) la influencia social de los medios tradicionales ha crecido tanto que, en ocasiones, rivaliza con los poderes establecidos. No resultó sorprendente, por ello, que el Informe sobre la Democracia en América Latina que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo presentó en 2004 identifique a los medios de comunicación entre los poderes fácticos más influyentes en esta región.
La fuerza política de los medios llega a determinar decisiones u omisiones de los poderes establecidos (como sucedió en México a comienzos de 2006 con la aprobación de una reforma de legal tan favorable al interés de las corporaciones mediáticas que llegó a ser conocida como Ley Televisa). Paradójicamente, en experiencias como esa, los medios privados llegan a padecer un costo político significativo cuando en la sociedad se extiende la convicción de que tales empresas están abusando del poder que tienen.
Los medios públicos no alcanzan a constituir una alternativa sobre todo cuando experimentan carencias financieras tan acusadas como las que padecen numerosas emisoras estatales en América Latina. Los medios comunitarios han experimentado un desarrollo desigual: suman centenares o quizá millares en Brasil y Argentina pero solamente –a lo sumo– un par de docenas en México. En todos los casos, su sola existencia contradice la concepción que suelen tener los empresarios de la radiodifusión privada que habitualmente se consideran propietarios de todo el espacio radioeléctrico y no únicamente concesionarios de algunas frecuencias.
Acaparadores empresarios
¿Fortalezas y debilidades? Si se les puede llamar así, para la industria de la comunicación, que es esencialmente privada, entre las primeras se encuentran el acaparamiento que hacen de las frecuencias de transmisión –hay muchos canales en pocas manos– y, por lo tanto, el monopolio que ejercen sobre las audiencias. Uno de los patrimonios más importantes de tales empresas es la experiencia técnica y comunicacional que han mantenido y consolidado durante, en ocasiones, más de medio siglo. Entre sus desventajas se encuentran la frecuente reticencia a cualquier innovación –lo mismo en materia de contenidos que de índole política, cultural o tecnológica–, el discurso estrecho y a menudo maniqueo que promueven acerca de los asuntos públicos, el afán para aprovechar políticamente la ventaja que suelen tener frente a otros actores públicos y el escaso interés que manifiestan para tomar en cuenta a sus audiencias como algo más que resignados conglomerados de pasivos consumidores de mensajes. Muchos de los empresarios mediáticos latinoamericanos más relevantes mantienen una visión del mundo tan estrecha que no suelen interesarse en producir o difundir contenidos capaces de reivindicar la identidad común de la región o de apuntalar el desarrollo de nuestro idioma.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Próxima Estación: 90,000 euros

Manu Chao recibirá 90.000 euros por sufrir el plagio de una de sus canciones
El juez considera que una campaña de publicidad el diario gratuito 'Adn' copiaba el tema 'Me gustas tú'
Un juzgado mercantil de Barcelona ha condenado a dos empresas a pagar 90.000 euros al cantante Manu Chao y a su discográfica por plagiarle una canción para usarla en un anuncio sin la autorización pertinente ni pagar derechos de autor. El juez considera que hay muchos elementos similares en la canción Me gustas tu y la del anuncio.
Según el Juzgado Mercantil número 3 de Barcelona, la agencia publicitaria The Loves Comes (TLC) hizo una campaña publicitaria para el diario gratuito Adn en septiembre de 2007 que utilizó una canción similar a la famosa de Manu Chao, compuesta en 1999 por el cantante.
La agencia contactó en junio de 2007 con el representante de Manu Chao para pedirle la utilización de la canción, a lo que el cantante se negó expresamente. Posteriormente la agencia contactó con el grupo catalán Jarabe de Palo, pero finalmente hizo el encargo al cantante Marc Parrot, el chaval de la peca. No obstante, en el anuncio se utilizó una versión diferente a la de Parrot y mucho más similar a la de Manu Chao, según el juez.
A pesar de los cuatro informes periciales aportados por la defensa para desmentir que las canciones eran similares, el juez justifica su decisión en el hecho de que se repite la frase Me gustas tú, alternada con Me gusta mi ADN. Además, el ritmo, la melodía y la armonía de la canción del anuncio "evoca, recuerda y tiene cierta relación" con la original de Manu Chao.
Por todo ello, el juez estima parcialmente la demanda y condena a la editorial de Adn y a la agencia TLC a pagar 70.000 euros a la discográfica Radio Bemba por daños patrimoniales y a Manu Chao otros 20.000 por daños morales.
Aquí el video juzga por ti mismo si hubo plagio o no
http://www.youtube.com/watch?v=JNb7spTNxSs
Una verdadera revolución
Rosa Montero / El PaisEstoy en Uruguay, un pequeño país austral de tres millones de habitantes en donde acaban de realizar un silencioso milagro: hace cosa de un mes entregaron los últimos ordenadores XO a los últimos niños del país.
El prodigio (ellos lo llaman Plan Ceibal) empezó a finales de 2006, cuando decidieron adquirir los portátiles de Negroponte, esas máquinas buenas y baratas concebidas para facilitar el acceso a la tecnología informática en todo el planeta. Son unos cacharros geniales de color blanco y verde pistacho, resistentes y gomosos, unos chismes con pinta de juguete, perfectos para acabar en manos de chicos de ocho años.
Porque eso es lo que ha sucedido: han entregado un portátil a cada uno de los niños de primaria de las escuelas públicas. En total, casi 400.000. Un gigantesco esfuerzo, porque no se trata sólo de darles las máquinas: además hay que diseñar los contenidos, hacer llegar Internet hasta la más remota escuela del pueblo más pequeño, educar a los maestros (muchos de ellos ajenos al mundo cibernauta), cambiar los cursos para aprovechar los recursos de la Red, crear un eficaz servicio técnico para arreglar estropicios.
Todo eso, esa pequeña y tenaz labor de hormigas, supone en realidad un cambio gigantesco. Hoy hasta los niños más pobres de los rincones más olvidados de Uruguay van todos a la escuela agarrados a su XO. Cada portátil lleva un chip con el nombre del crío, para poder hacer un seguimiento e impedir su reventa: si una familia tiene nueve hijos, cada uno de los nueve recibe su ordenador. Y los chavales regresan a la escuela por su cuenta después de las horas de clase, para seguir conectados a Internet. No creo que pueda haber ahora mismo una medida más útil en el mundo para fomentar la cultura y el desarrollo, para acabar con la exclusión social, para crear futuro.
Hoy las verdaderas revoluciones se hacen así.
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